RESEÑA - Callejones - Dir. Diego Hernández

  RESEÑA - Callejones - Dir. Diego Hernández

Imagen de Diego Hernández


Cada vez que me acuesto en mi cama, enciendo mi compu y veo un corto de alguno de mis conocidos, me invade una alegría, pero también me hace preguntarme: ¿qué es lo que sienten ellos por nuestra ciudad?, ¿cuáles son sus memorias de ella?, ¿por qué hacen cine en Tijuana?

A veces también me pregunto si yo fuera el público que no conoce el cine hecho por tijuanenses diría algo como: “¿De dónde vienen estos?”. Y bueno, creo que eso mismo me lo preguntaba yo antes de entrar a estudiar cine a mis 19 años.

Veo que cada vez envejecemos más los cineastas de mi generación, pero portamos una historia que nos lleva a una exposición emocional. Diego Hernández, creo yo, hace despertar esa etapa importante del cine tijuanense.

Mi primera memoria de Diego fue en 2017, cuando necesitaba consultarlo para formar una sociedad de alumnos en mi prepa. Platicamos muy brevemente del asunto, tan breve que casi no recuerdo lo que se dijo, pero sí recuerdo que fue muy cordial y amistoso. Con el tiempo vi que estaba haciendo cine en redes sociales y que mi amiga Renée Ortiz participaba en uno de sus proyectos.

Por ahí de 2021 apareció una película llamada Los fundadores, un título bastante interesante, ya que me recordaba a la famosa colonia Fundadores de Tijuana. En ese tiempo yo tenía 22 años, era pandemia y no tuve la oportunidad de ver su trabajo (situación que, curiosamente, sigue siendo la misma hoy), pero me generó una intriga muy particular: ¿cómo alguien de mi edad pudo hacer una película? Eso me dio aún más motivación para seguir en la carrera de cine.

Hasta el día de hoy he tenido la fortuna de no solo verlo, sino escribirlo, grabarlo, proyectarlo… en fin, un sinfín de cosas. Todo esto me regresa nuevamente a Diego Hernández. Creo que, de no haber sido por él, jamás hubiera terminado la carrera de cine y seguramente estaría estudiando psicología.

Es fácil decir palabras largas sobre un cortometraje, pero cuando el silencio gobierna la escritura de una reseña y queremos realmente diseccionar el trabajo, la tarea suele tomar tiempo. Me recuerda a cuando fui con Diego a ver un documental muy difícil de describir: La máquina de escribir y otras fuentes de problemas, de Nicolas Philibert. Creo que es una de esas películas que, con el pasar de las horas o los días, empiezas a entender. Este documental era muy especial ya que hablaba mucho sobre enfermedades mentales en personas con edad avanzada y sus vidas individuales, lo cual hacia que la historia se sintira como un tobogan con muchas curvas y con un final bastante largo pero contemplativo al salir.

La escritura de una reseña es como cuando tienes una primera cita con alguien y después de la salida sigues pensando en la persona: sus palabras, sus acciones, su aroma. Incluso podemos irnos a lo romántico. Por eso digo que diseccionar un cortometraje con palabras requiere contemplación, paciencia y empatía.

Justamente esas características son las que rescato para describir Callejones. Es una obra contemplativa donde el diálogo en tercera persona, con paciencia, nos muestra historias y crea una enorme empatía. Creo de corazón que Callejones va más allá de filmar una vida individual: encuentra una voz capaz de sostener la realidad de nuestras vidas.

La familia se vuelve un tema central, desde la identificación de las localidades, la muerte de un familiar, el círculo de amigos. Todo lo que rodea a Diego viaja en círculos y en líneas: en círculos cuando habla de su trayectoria fílmica, de cómo se ve a sí mismo a través de su trabajo; y en línea cuando habla de las personas que lo rodean a lo largo de su vida.

Considero que este filme logra, desde la simpleza, retratar la cotidianidad de una persona que se está desarrollando y cuestionando. La dirección se atreve a exponerse de tal forma que no queda duda de lo que vemos y oímos, ya que se siente una expresión directa de la idea que construye Diego Hernández. El filme empieza con una idea y la cierra, como un baile o una canción: tiene partes que cuentan historias distintas, pero unidas por la emoción. Así es como siento que converge Callejones.

La fotografía me hace sentir muy cercano al personaje, casi como si estuviéramos en la misma carne que él. Vemos sus manos, sus memorias, sus calles, su casa, y después vemos a Diego. Este recurso permite que la historia respire, haciendo que el punto de vista se aventure en los conceptos que se narran.

Al final, Callejones es un cortometraje que, al visitarlo (o revisitarlo, como fue mi caso) te hará sentir una de dos cosas: entrar en un estado meditativo, donde capturas ideas y las dejas fluir; o un estado reflexivo, donde tomas una sola y te aferras a ella durante todo el filme.

Este cortometraje le muestra al espectador el potencial de impacto que puede tener la cotidianidad y la cercanía con un público que también forma parte de la localidad de Tijuana.


Reseña escrita por: Leonardo P. Mendizábal

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